Maldigo la debilidad de mi tacto
anclado en el mar de tu piel.
Lo bendigo también.
Detesto el sometimiento de mi olfato
al sándalo de tu cuello.
Y me embriagué en él.
Odio la obsecuencia de mi gusto
que se deleitó en el jenjibre de tu boca.
Saboreé su picor.
He dejado todos mis sentidos
en el germen de tu cuerpo,
he desobedecido todas las leyes naturales,
he burlado y he mentido salvajemente
por ser rubí en tu aliento,
por ser flor en el alumbramiento del placer.
He sucumbido a la seducción reiterada
en estado de emoción hormonal violenta.
He dejado todos mis talentos
desperdigados en agónicas alboradas.
He sido amante, infiel, libertina, majadera.
Según como se mire vicios o virtudes
Pecados de juventud.
Marilen Zweifel*
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