El aviso telefónico promovía:
"Servicio fúnebre de excelencia".
Cementerio privado Los Médanos,
descanse en paz con vista al mar.
Incluye camareras con minifaldas,
lloronas profesionales
de alta escuela dramática.
Contadores de chistes
premiados internacionalmente.
Servicio de catering
vegetariano, macrobiótico, vegano.
Canilla libre toda la noche
con traslado de ebrios
a una habitación contigua al occiso
con aire acondicionado, calefacción y tv por cable.
Arreglos florales suntuosos
de crisantemos y azucenas importadas,
fanales y antorchas con óleos artesanales.
A la entrada del servicio
serán obsequiados con pañuelos de tisú
y un par de gafas oscuras.
Mientras en el hall
se les instruirá sobre como dar
las condolencias apropiadas,
con un beso o dos, abrazo, palmeo o apretón de manos
más las palabras que con voz impostada
deberán decir sentidamente
de acuerdo al sexo, estado civil, edad y grupo de referencia del muerto.
Antes de colgar el tubo del teléfono, casi tentada de risa, le contesté a la promotora que no me gusta el mar, que juste compré un terrenito, pero en las sierras, que no soy vegetariana y que ya había programado un asado fenomenal con mis amigos que traerían un riquísimo vino mendocino, que estoy vivita y coleando y que soy la invitada principal porque hoy cumplo un año más.
Marilen Zweifel* |