En mis primeras alboradas
tras el cristal de tus ojos me ví
con las manos estrelladas.
Fui pichón en el nido.
Paso oscilante al andar
y cuando tuve alas
me echaste a volar...
Y volé.
El círculo de la vida
cierra apergaminado
urgiendo en tu partida
el adobe de mi propio nido.
Aquella hembra concebida,
licenciada en amor filial
sostiene tu mano al caminar
revirtiendo los signos de la vida.
Esta mujer que fue tu niña
en el otoño de tus días
es tu madre, tu padre
tu pulso vital.
Marilen Zweifel*
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