Hueles a tibia rebanada de pan.
En los hemisferios de tus brazos
se oculta el maná del Salvador
que sacia el hambre universal.
Cocinado entre fuegos de artificio,
saludos y esperanzas renovadas,
ilusiones e inocencias gastadas.
Súbdito de Cronos, neonato universal.
Pesarán sobre tus días invisibles
el aroma a rosas de la paz,
la verde clorofila de los campos,
el negro petróleo y la polución fatal.
Bautismo de semanas y meses
en aguas virginales,
estertores de aversión
al mercurio, al plutonio y las heces.
No te quiero utopia circular,
ni mendigo de equidad,
ni hambre paralelo,
ni injusticia meridional.
Te espero año nuevo
con armisticios y treguas
con el alma en reposo
y la mirada ingenua.
Marilen Zweifel* |