Florecieron los jacarandáes
en Buenos Aires.
Parieron al fin sus flores
de fragil tisú.
El suelo emergió sus dedos
de barro, humus y negra espesura
para acariciar ese don del cielo
llovido en las plazas y veredas
en brazos, piernas y caderas.
Debe ser el alma de Natura
debe ser la madre Tierra
perdonando los desmanes del humano
comulgando flores azulinas o tal vez lilas
para felicidad de los hombres
para alivio de sus melancolías
y para ser luz en la senda perdida.
Danza ritual del color!
Camino etérea por no matar tanto candor
y obtener mi perdón,
mitigar las noches de cólera
y ver la sonrisa de la gente
pintada en cada flor.
Marilen Zweifel* |