Y ahora qué haré con las estrellas
que de tanto mirar el cielo
se enredaron en mis pestañas
bajando por el tobogán de la noche.
Tengo los dedos tiesos, doloridos
de tanto contarlas en el ábaco solar
por decenas, centenas por millar
y en acto solemne una a una nombrarlas.
Hoguera cósmica de vértigos cromáticos.
Las auras estelares confabulan
tan pronto son azules como rojas o naranjas,
malabares de luces; difusas espirales.
Si soplan los vientos marinos
temblarán de frío; se ahogarán en bruma,
sufrirán el mal del rocío
se desarmarán como la espuma.
Tal vez la brisa sienta piedad
de las estrellas, de mis pupilas anochecidas
prodigándo abrazos sobre las llanuras,
besos y serenatas de luminarias perdidas.
Ojalá multipliquen los vientos sus motores
exhalando destellos en los campos
encendiendo de amarillo los girasoles
para cura de mis ojos y júbilo de los agricultores.
Marilen Zweifel* |