En los cuarzos de la noche
el viento de invisibles manos
estrujó las ruedas del tiempo
abriendo las páginas del verano.
Entre círculos, llamas y espirales
las golondrinas regresaron
con sus plumas y tintas azabaches,
sus alfabetos y sílabas cortadas.
Palabras redondas, palabras cuadradas,
tan cálidas como primordiales
tan cortas, como largas:
paz, hogar, aire, manantiales.
Como paria en el desierto
el mundo mitiga su sed
bebiendo letras y grafemas
consonantes y vocales.
La noche harta de calor
abrió sus puertas de fuego
y el invierno desató sus tempestades
derribando a los ángeles guardianes.
El estío derrotado cerró sus tres páginas
emigró con las golondrinas y sus plumas
con las palabras cansadas, sus giros,
sus rondas y los ángeles guardianes.
Marilen Zweifel*
|